Una reflexión profunda sobre el dolor de las urnas ante...
Leer másHay días en que la historia pesa en el cuerpo. Quienes concebimos la política no como una simple técnica de administración o un juego de tronos, sino como el arte de tejer la dignidad humana, nos despertamos hoy con un dolor sordo y familiar. Los resultados preliminares de la Registraduría con el 99.8% de las mesas informadas nos sitúan ante una realidad inapelable: con un 49.7% de los votos frente al 48.7% de Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella ha sido elegido presidente de Colombia. Una diferencia de apenas un punto porcentual, cerca de 250.830 votos en una nación de más de 26 millones de votantes, basta para cambiar de raíz el rumbo de un país.
No es solo el veredicto de las urnas lo que duele; es la constatación del eterno retorno. Vivimos atrapados en el mito de Sísifo: empujamos con un esfuerzo descomunal la pesada piedra de los derechos sociales hacia la cima, logrando que el Estado empiece a mirar a los ojos a los desposeídos, para luego ver cómo la piedra rueda cuesta abajo bajo la promesa del “orden”, obligándonos a empezar de nuevo.
El refugio de lo conquistado
Para entender la dimensión de la pérdida que se avecina, es imperativo recordar con amabilidad y espíritu humanista lo que se intentaba proteger. El proyecto de Iván Cepeda y el Pacto Histórico no era una simple plataforma económica; era un manifiesto de cuidado colectivo. En sus líneas habitaba la idea de las “tres revoluciones” (ética, social-económica y política), donde la salud dejaba de ser concebida como una transacción comercial bajo la Ley 100 para convertirse en un derecho fundamental garantizado. Era la apuesta por dignificar la economía campesina y popular, por llevar la universidad pública y gratuita a las zonas rurales donde antes solo llegaba el eco de la guerra, y por asumir que la biodiversidad y el territorio no son recursos explotables, sino bienes comunes sagrados.
Hay una belleza profunda en la idea de un país que se piensa a sí mismo desde la justicia ambiental, la paz basada en causas estructurales y el reconocimiento de la alteridad. El filósofo Emmanuel Levinas nos recordaba que la ética nace cuando nos hacemos responsables del rostro del otro, especialmente del vulnerable. Las políticas progresistas de estos años intentaron, con aciertos y tropiezos institucionales, traducir esa responsabilidad ética en políticas públicas: que el anciano sin pensión, el joven marginado y la comunidad indígena tuvieran un rostro visible ante el Estado.
La contrarrevolución de la certidumbre
Frente a este enfoque humanista, el plan de gobierno de Abelardo de la Espriella y su movimiento “Defensores de la Patria” erigió una narrativa completamente opuesta. Su victoria se cimenta sobre la promesa de la seguridad punitiva, la drástica reducción del tamaño del Estado y el estímulo a la inversión privada como único motor de bienestar. Se trata de la sustitución del enfoque de derechos por el enfoque de mercado; la mutación de la justicia social en caridad o en “seguridad inversionista”.
Lo que viene en camino es un desmantelamiento explícito de los intentos de reforma a la salud, la priorización de un modelo extractivista tradicional y una visión de orden público que prioriza la fuerza. Es el regreso a una concepción hobbesiana del Estado, donde el soberano ofrece protección a cambio de la sumisión y el mercado decide quién prospera y quién se queda al margen, bajo la premisa de que el éxito es un asunto meramente individual.
La amnesia democrática y el eco filosófico
¿Por qué volvemos voluntariamente al punto de partida? Un amigo me escribía tras conocerse los resultados una frase punzante: “Un país que olvida cada cuatro años lo que pasó antes, es un país condenado a vivir siempre en la misma miseria”. Tenía toda la razón. Nos han enseñado a pensar que la filosofía en las aulas o el pensamiento crítico en las plazas son materias de relleno, lujos prescindibles para una sociedad con hambre. Pero el desprecio por la memoria y el pensamiento abstracto tiene un costo político devastador.
Cuando vaciamos a la ciudadanía de la capacidad de cuestionar y contrastar, la condenamos a la amnesia. Olvidamos las causas estructurales de nuestra violencia, olvidamos quiénes profundizaron la desigualdad y nos entregamos al miedo, que es el afecto político más fácil de manipular. Baruch Spinoza ya advertía en su Tratado teológico-político que el gran secreto del régimen despótico consiste en engañar a los hombres y en disfrazar con el nombre de religión (o de patria) el temor con el que se les quiere controlar, de modo que “luchen por su servidumbre como si se tratara de su salvación”.
Ayer, millones de compatriotas votaron creyendo que elegían la salvación, sin advertir que entregaban las llaves de los derechos colectivos que tanto costó sembrar.
Seguir empujando la piedra
El dolor que generan estas elecciones es real y es legítimo. Es el duelo por las transformaciones que se pausarán, por los líderes sociales cuya protección se debilitará y por la ralentización de una paz que merecemos.
Sin embargo, el humanismo no es optimismo ciego; es persistencia ética. La derrota electoral de un programa progresista no borra la justicia de sus causas. Los gobiernos pasan, los periodos de cuatro años se extinguen, pero la búsqueda de la dignidad humana permanece. Nos toca hoy asimilar el golpe, abrazar la tristeza colectiva y, mañana mismo, volver a la base de la montaña a recoger la piedra. Porque la labor de pensar, cuestionar y cuidar del otro nunca será una materia de relleno.
Bitácora de la Memoria: Faros Filosóficos contra el Eterno Retorno
Algunos textos y filósofos que me inspiraron a escribir estas palabras.
Camus, A. (2012). El mito de Sísifo (L. Echávarri, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1942).
Hobbes, T. (2012). Leviatán: O la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil (C. Mellizo, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1651).
Levinas, E. (2002). Totalidad e infinito: Ensayo sobre la exterioridad (D. Guillot, Trad.). Sígueme. (Obra original publicada en 1961).
Santayana, G. (2018). La vida de la razón: O fases del progreso humano (P. Carbajosa, Trad.). Tecnos. (Obra original publicada en 1905).
Spinoza, B. (2014). Tratado teológico-político (A. Domínguez, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1670).
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